Tarot y poesía

Nani

Tarot y poesía

 

Me despertaron los pechos duros.

Pesados,

tirantes hasta la axila,

un latido sordo

debajo de la piel.

 

Anoche durmió en su cuarto.

La puerta entornada.

Toda la noche

sentí su respiración

y la mía

no encontró el mismo ritmo.

 

Me senté en el borde de la cama

con las manos abiertas

sobre las rodillas.

Una liviandad

que no sabía usar.

 

Pasó el primer colectivo.

Los vidrios temblaron

un poco

y la blusa se mojó sola.

Dos manchas tibias,

redondas.

 

Fui a la cocina descalza.

Un nudo

debajo del esternón.

Puse agua para el mate.

El puño subía

y bajaba.

La pava gritó.

No me moví.

 

Sentí su piel

en el hueco del brazo,

la humedad de su nuca,

el olor a pan

detrás de las orejas.

Cerré los ojos

y el brazo se curvó solo.

 

Me lavé la cara con agua fría.

Mis pechos eran una casa llena

la noche antes de la mudanza.

 

Desde el cuarto,

un balbuceo.

Sonidos con mi voz adentro

y otra cosa,

otra cosa,

suya.

 

No fui.

Me quedé escuchando

con el pecho abierto,

rajado como fruta madura.

 

Y por la grieta

entró aire.