Escenas de la vida cotidiana
Escenas de la vida cotidiana
Un plano sobre el escritorio. El mate al lado, ya tibio.
Todavía no hay presupuesto, ni fechas, ni obra. Hay una idea que se dibuja con líneas finas y colores pastel: acá una oficina, allá una sala, una pared que se corre. Y yo, mirando, pensando, imaginando, ideando, deseando.
En el tarot hay un momento para esto, y se llama 2.
Me gustan los unos. Soy buena empezando cosas: la energía del arranque, el entusiasmo, ese todo en potencia donde cualquier cosa puede iniciar. Pero amo el 2. Conecto muy bien con los procesos que van para adentro, los de gestar, los que necesitan un tiempo orgánico para que las cosas sucedan.
Porque el 2 es la antesala de la realidad. La idea se ancla en un contexto, y ahí se pierde algo y se gana algo. Se pierde la ilusión del "todo es posible". Se gana la oportunidad verdadera de concretar.
El plano es exactamente eso: La posibilidad de darle forma, de que sea algo concreto.
El 2 es energía interior, potente, que echa raíces. Pide un contexto favorable y no se puede apurar. Si se precipita hacia afuera, puede interrumpirse. Es trabajo subterráneo, crecimiento invisible.
Soy la energía de La Papisa, con el plano entre las manos. Un 2 de bastos que junta deseo y el impulso de crear. La energía se reúne, se repliega sobre sí misma para prepararse a avanzar. Conviviendo con el dos de espadas, que precede a cualquier expresión. La cabeza con pensamientos, ideas. La sensación de tener todo adentro y no poder explicarlo todavía.
