Poesía en los Arcanos
Poesía en los Arcanos
No vine al mundo
para quedarme quieta.
Traje una corona de flores torcidas,
un vestido manchado de fruta,
las manos llenas de ideas
y una risa desafinada.
Quise tocarlo todo:
la tierra recién abierta,
la boca del verano,
el borde de las cosas prohibidas.
Me dijeron:
cuidado,
así no,
despacio,
esperá.
Pero yo tenía en el pecho
tierra abonada
pateando puertas.
No sabía si era amor
o hambre,
si era capricho
o destino,
si era error
o semilla.
Entonces probé.
Probé con la lengua,
con la piel,
con los ojos,
con esa parte del alma
que todavía no aprendió
a pedir disculpas por desear.
Me equivoqué, sí.
Y de cada error
me creció una rama.
De cada caída,
una flor imprudente.
De cada deseo mal nombrado,
una canción nueva
haciendo ruido en la sangre.
Porque yo no soy
la que espera permiso
para florecer.
Soy la que inventa el jardín
mientras pisa el barro.
Soy la niña que juega a ser reina,
la reina que todavía se ríe como niña,
la que crea antes de entender,
la que ama antes de medir,
la que se mancha
porque sabe
que nada vivo nace limpio.
No vine al mundo
para hacerlo bien.
Vine a hacerlo brotar.
