La fibra

Nani

La Fibra

La mañana pesaba
antes del suelo.


Bajo la piel,
el animal dormía mal.


Había pasado la noche
con fuego,
sin llama.


Un calor sordo
anudado en lo hondo,
un barro espeso
hundido en la carne.


La taza esperaba cerca.

Tan cerca.

Y el pájaro enjaulado
no llegaba,
no encontraba cielo.


La sábana rozó las piernas
con una paciencia áspera.

El colchón retenía
la forma del cuerpo
como cera tibia.


La bisagra de la pierna
hizo chillar
una puerta adentro.


Los dos animales
mordieron el borde
de la cama.


Levantarse era masticar
la sábana,
el peso,
la mañana.


La mano buscó la pared.
La pared ofreció cal.


Adentro,
la fibra temblaba:
una raíz
buscando agua.


La rodilla habló primero.

Después, el pie.


Y algo torpe,
desobediente,

pasó de un hueso a otro
como una chispa


y se paró.