Hoy se juega

Nani

Hoy se juega

🥅Hoy vine a acompañar a mi hija a una fecha del torneo de fútbol y, mientras miraba, pensaba en cuánto se puede leer del aprendizaje en una escena así. No solamente del aprendizaje técnico, no solo de cómo se mejora una habilidad, sino de ese otro aprendizaje más profundo, más vivo, más corporal, que solo aparece cuando una persona entra en experiencia con otros, con el esfuerzo, con la frustración, con la alegría, con el intento y con el error.

 

Mirándolas jugar, pensaba en el 5 de Bastos.

 

🤼‍♀️Muchas veces esta carta se lee rápidamente como conflicto, choque o desorden. Pero en escenas como esta, para mí muestra algo mucho más interesante: el valor formativo de la fricción. No hay aprendizaje real sin resistencia. No hay verdadero crecimiento cuando todo está dado, ordenado y resuelto de antemano. El 5 de Bastos habla de ese momento en que una empieza a descubrir sus recursos porque hay un otro enfrente, porque hay que disputar, reaccionar, probar, medir fuerzas, desacomodarse y volver a intentar.

 

⚽Y en ese sentido, el deporte enseña de una manera que muy pocas cosas enseñan. Enseña con el cuerpo. Enseña en acto. Enseña en la velocidad de una decisión, en el cansancio, en la coordinación, en el error que no se puede pensar demasiado porque ya obliga a responder distinto la próxima vez. Hay saberes que no se incorporan leyendo, ni escuchando, ni entendiendo. Hay saberes que sólo se encarnan cuando el cuerpo pasa por la experiencia.

Y que importante son las horas de vuelo para que esto suceda, la repetición, el 4, la estructura, de armado, de insistencia. Repetir es construir sostén. Es volver una y otra vez sobre algo hasta sentirse cómoda. En edades tempranas esto es central, porque mucho de lo que después parecerá natural o espontáneo se está gestando acá, en la reiteración, en la práctica, en el intento sostenido.

 

🤜🏻🤛🏻También me parece importante algo más: a esta edad se aprende a estar con otros.

 

Y eso, en los deportes grupales, es enorme.

 

Porque estas nenas no solo aprenden a correr, a pasar la pelota, a ubicarse mejor en la cancha o a resolver una jugada. Aprende también a registrar al otro, a confiar, a frustrarse sin romper el vínculo, a sostener un objetivo común, a esperar su momento, a colaborar, a acompañar, a sentirse parte. Aprende que no todo depende de ella sola, pero que tampoco puede borrarse del conjunto. Aprende que su presencia modifica una trama y que la trama también la forma.

 

Encontrar la singularidad de su aporte, será su 6.

 

👟En tiempos donde tantas experiencias tienden al aislamiento, el deporte en equipo ofrece algo muy valioso: una pedagogía del vínculo. Enseña que crecer no es solo fortalecerse individualmente, sino también desarrollar sensibilidad para lo colectivo. Hay algo del compañerismo, del apoyo mutuo, de la circulación de la confianza y hasta del aprender a perder o a ganar con otros, que deja marcas profundas y muy necesarias.

 

Por eso me gusta pensar que, en una jornada de fútbol como esta, no solo se están jugando partidos. Se están formando recursos internos. Se está construyendo experiencia. Se está aprendiendo a habitar el conflicto sin retroceder, a repetir sin desanimarse, a integrar el cuerpo a un propósito, a encontrarse con otros en una tarea compartida.

 

🏆Y cuando todo eso empieza a alinearse, cuando el esfuerzo, la práctica, el vínculo y la dirección se ordenan, entonces sí puede aparecer El Carro: como concreción. El Carro llega cuando ya hay objetivo, orientación y capacidad de avance. Cuando la energía deja de dispersarse y empieza a ir hacia un lugar. Cuando algo de todo lo trabajado encuentra cauce y dirección.

 

🏃🏼‍♀️Tal vez por eso estas escenas son tan valiosas. Porque desde fuera podemos ver cómo se arma una subjetividad. Cómo se construye una relación con el esfuerzo. Cómo se aprende a atravesar la incomodidad. Cómo se incorpora, con otros, una fuerza que más adelante va a servir para mucho más que para jugar un partido de fútbol.